Este complejo cuenta con un popular restaurante que brinda una amplia variedad de platos con truchas, además de carnes y pollos. Felizmente, nuestra primera parada aquí fue para comprobarlo con un almuerzo que consistió en locro de papa (otra especialidad) y la trucha de la casa, que es servida con una salsa de langostinos.
Con esas vitaminas emprendimos un recorrido hacia el cercano Guandulo, un simpático pueblo de mineros que fue rescatado arquitectónicamente por los propietarios de este complejo turístico para mostrarles a los turistas cómo operaba la antigua mina de oro que aún es posible recorrer aquí.
Túneles sombríos y pailas donde lavaban las piedras en búsqueda del preciado metal son parte de este recorrido subterráneo que también nos lleva a un bar enclavado en la roca y un pequeño museo donde se exhiben piezas de la cultura Cañari.
También resulta particularmente interesante la visita a una casa de adobe que funcionaba como puesto de vigilancia en los tiempos en que el llamado camino de García Moreno, que pasaba exactamente por aquí, era utilizado por los traficantes de licor que tenían sus destilarías clandestinas en esta región. Un orificio en el muro del tamaño de una caja de zapatos servía para detectar secretamente a los contrabandistas y sus mulas entre los usuarios del camino.
Y en el cuarto contiguo observamos un ashango, tal como se denomina en la lengua local a una bandeja suspendida por cadenas y en la que se coloca el queso para que se ahume con el calor de una cercana fogata.
Todos a pescar truchas
Las llamas de la cercana fogata no se parecen en nada a las llamas que encontramos al recorrer el sendero que encontramos al salir del estanco. Las que dejamos atrás son luminosas y candentes. Las que ahora nos encontramos son calladas y mansas mientras caminan por un rústico puente de madera que nos lleva al sector montañoso del complejo turístico, junto al pueblo minero.
El paso de estos mamíferos andinos nos lleva a la Cueva de Wilo, tal como se llama un albergue natural hundido en la roca donde los viajeros recibían posada de un migrante venido de Esmeraldas llamado Wilo, y cuya memoria se mantiene como un homenaje a aquellos que socorren a los viajeros motivados solo por la buena voluntad y la solidaridad.
Dejamos atrás el sendero para regresar al vehículo que nos lleva nuevamente a la carretera. Seguimos en el complejo Dos Chorreras para hacerle una visita a uno de los sitios más populares entre las familias con niños: las lagunas de truchas. Aquí, más de cien turistas de todas las edades practican la captura de esos peces con sencillas cañas con hilos de nylon y anzuelos que usan como carnada una masa blanquinosa hecha con harina de pescado.
¡Aquí ningún pescador fracasa!, porque hasta el más infante de los infantes captura peces al cumplir el solo requisito de hechar el anzuelo al agua. La explicación para este fenómeno es sencilla: estas lagunas cuentan con una cantidad muy amplia de truchas debido a que estos peces en particular le dan durísimo a eso que llaman reproducción, manteniendo una población de acuáticos con aletas que encuentran cualquier hora apropiada para el romance.
Eso permite que cada pescador se lleve un promedio de cuatro o cinco pescados por jornada, por los cuales debe pagar al salir $ 2 por cada libra.
Después del recorrido cumplido resulta desestresante observar a familias enteras disfrutando de la pesca deportiva. Truchas que nadan por allí y más truchas que son capturadas por allá. Y debajo del agua truchas que le dan durísimo a la reproducción. Pero ya no daremos más detalles sobre ese asunto: es mejor que tales intimidades permanezcan ocultas al turismo.
Fuente: http://www.eluniverso.com/2006/10/29/0217/812/406D4F8A879948D5A03A31C7E80B25AB.aspx
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